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Estuvo más de cuatro décadas en un bosque y su estado es deplorable, sin embargo se vendió en USD 375 mil. Qué lo hizo valer una fortuna

Pasaron algunos días de una de las subastas más absurdas de la historia. Un Aston Martin DB4, abandonado en un bosque durante 45 años, tiene nuevo dueño. Y no a cualquier precio. Quien ahora intentará manejarlo -deberá pasar varios meses en un taller mecánico- sacó de su billetera USD 375 mil.

¿Cuál es el motivo de semejante precio? Justamente su estado lamentable y el hecho de que haya permanecido más de cuatro décadas en la intemperie. Sin embargo, el clima de New Hampshire (Estados Unidos) le jugó una buena pasada a este Aston Martin DB4, que desde principios de la década de 1970 estuvo aparcado en un bosque junto a la casa de su último propietario.

Este modelo es uno de los vehículos más deseados y famosos, conducido por Sean Connery en su rol de James Bond en la película Goldfinger. Este vehículo fue presentado en 1958 en el London Motor Show y sólo se vendieron 1.204 unidades hasta 1963. Esto también explica su valor en la subasta.

El vehículo llegó a Estados Unidos en 1960, según la documentación que lo acompañó en la subasta. El volante, a la izquierda. Un detalle que no es menor, ya que su fabricación se dio en Reino Unido y este fue el punto que buscaron los británicos para acercarse a los gustos americanos.

Las iniciales DB responden a David Brown, el industrial que poseyó durante un tiempo la marca Aston Martin. La casa de subasta que vende el admirado coche (Worldwide Auctioneers, de Scottsdale, Arizona) tuvo la oportunidad de reconstruir la historia del vehículo desde Los Ángeles (1960-67) hasta Massachusetts (a partir de 1972) con un misterioso vacío de cinco años entre ambas fechas. Poco después de su llegada a esta última ciudad fue abandonado por su propietario.

El vehículo abandonado no funciona desde hace 50 años, por lo que su motor no debe estar en las mejores condiciones. En la misma subasta salió a la venta el Mercedes-Benz 230 SL de John Lennon, de 1965. El Beatle adquirió el vehículo a la punta de la cresta de su fama musical cuando cantaban aquello de "Baby you can drive my car".