Ser mujer es hablarle fuerte a la milpa que se extiende de mar a mar.

No existe una frontera clara entre periodismo y literatura. Cada vez se fusionan más esos territorios disímiles que se entrelazan y confunden. El tema es un debate viejo que se ha ido clarificando con la aparición de una forma de periodismo de autor donde confluyen reporteros y literatos.

Cuando la palabra creativa es la materia que da cuerpo a artículos y ensayos, relatos y reportajes, novelas, crónicas y poemas, todo es literatura. Entonces periodistas, narradores, poetas y ensayistas, todos son escritores. Aunque muchos sean ciudadanos de ambos países, algunos se consideran ubicados de un lado u otro de esa frontera que los une y los separa. Hay periodistas que no se aventuran fuera de sus propias murallas, inhibidos quizá por clasificaciones excluyentes. Lo mismo ocurre con escritores que, maestros en el trabajo de modelar y pulir textos, no frecuentan el reino de las letras cotidianas, tal vez por no poder desenvolverse en un escenario de inmediatez que exige precisión, es decir, escribir sin opción a correcciones posteriores.

Hay literatura en el periodismo y periodismo en la literatura, especialmente cuando hablamos de g√©neros como la cr√≥nica, el reportaje, la biograf√≠a o el relato. Literatura y periodismo se corresponden, mantienen relaciones un√≠vocas, se acoplan y el resultado es un g√©nero mixto que cumple el objetivo de comunicarse con el lector. Hay literatos que practican el periodismo y reporteros que respiran poes√≠a en sus trabajos. Aunque se podr√≠a profundizar desde otras perspectivas ‚Äďcr√≠tica o anal√≠tica‚Äď sobre las correspondencias entre periodismo y literatura, quiz√°s no merezca la pena. Hay grandes escritores que maduraron en peri√≥dicos y revistas: Garc√≠a M√°rquez, Onetti y Borges, entre otros muchos; y narradores que encuentran en la prensa diaria el espacio que necesitan para publicar textos cargados de literatura.

En las letras mexicanas coexiste una raza heterodoxa de escritores que mezclan periodismo y literatura, que combaten en ambas trincheras. Entre ellos destaca, en nuestra √©poca, la figura de Elena Poniatowska, una autora formada en el periodismo m√°s puro: la entrevista. Sus textos, dotados de oficio adquirido con base en trabajo y experiencia, muestran un estilo peculiar que despliega sus alas literarias para penetrar espacios donde ficci√≥n y realidad se funden en un todo, sin fronteras ni diferencias, porque lo √ļnico que cuenta es la sucesi√≥n de palabras enlazadas por la magia de la creatividad.

Una obra en evolución

La voz propia es, en mucha medida, la voz de otro. Mijaíl Bajtín

Elena Poniatowska podr√≠a ser, ella misma, sujeto de sus entrevistas y biograf√≠as o personaje de sus novelas. Naci√≥ en Par√≠s en 1932, hija del pr√≠ncipe polaco Jean E. Poniatowski y la arist√≥crata mexicana Paula Amor. La familia abandon√≥ Europa huyendo del conflicto b√©lico y se instal√≥ en M√©xico cuando H√©l√®ne ten√≠a diez a√Īos. Tuvo formaci√≥n cat√≥lica, parte de ella interna en Pensilvania y Nueva York.

Su inquietud y el inter√©s por conocer mejor la realidad mexicana, la llevaron a relacionarse con el periodismo. Comenz√≥ en Exc√©lsior haciendo entrevistas y pronto llam√≥ la atenci√≥n su estilo inocente, inquisitivo e impredecible. Poniatowska ejerc√≠a de metiche con un modo atrevido y gracioso: "Esp√©reme, Elena, que soy de chispa retardada y usted me pregunta as√≠ nom√°s a bocajarro", le dijo abrumado Juan Rulfo. Era el a√Īo 1953. Poco despu√©s comenz√≥ a escribir para el suplemento del peri√≥dico Novedades,M√©xico en la Cultura, donde trabaj√≥ con Fernando Ben√≠tez, maestro en periodismo cultural de una generaci√≥n de j√≥venes escritores. A partir de entonces ha colaborado en publicaciones nacionales y extranjeras; ha sido fundadora de diarios, revistas e instituciones culturales; autora prol√≠fica y laureada; carne de muchos moles en nuestro M√©xico contempor√°neo. Elena Poniatowska es una de las escritoras m√°s activas y reconocidas, m√°s queridas y criticadas.

Su origen aristocr√°tico, educaci√≥n, profesionalizaci√≥n en el periodismo e ideario pol√≠tico ‚Äďcargado de compromiso y solidaridad‚Äď, se reflejan en la evoluci√≥n de su obra literaria. Su primer libro fue un cuento para ni√Īos, Lilus Kikus (1954), ilustrado por Leonora Carrington. Una sola vez incursion√≥ en el teatro con una sorprendente s√°tira sobre los intelectuales que nunca ha sido reeditada, Mel√©s y Teleo (1956). Sus entrevistas y art√≠culos se recogieron bajo el t√≠tulo Todo M√©xico, del que van publicados varios tomos. Las cr√≥nicas aparecidas en Novedades, ilustradas por Alberto Beltr√°n, quedaron recopiladas en Todo empez√≥ en domingo (1963). En el trabajo que desarrolla como asistente del antrop√≥logo Oscar Lewis asimila el concepto de "cultura de la pobreza" y se ejercita en la escritura testimonial. Ese aprendizaje le sirve para escribir su primera novela forjada a base de entrevistas: Hasta no verte Jes√ļs m√≠o (1969), retrato literario directo, preciso y fiel de una mujer del pueblo; un texto cargado de naturalidad y realizado con destreza.

En 1971 publica el libro que le daría mayor reconocimiento: La noche de Tlatelolco. Poniatowska aplica una fórmula periodística novedosa, realiza un exhaustivo trabajo de campo y aporta, sin excepción, todas las voces recogidas. La escritora documenta el recuerdo de los que vivieron aquella dramática noche y construye un mosaico de imágenes que forman el retrato completo de un crimen de Estado que, como otros muchos, ha quedado impune en la conciencia histórica del país.

En, Nada nadie. Las voces del temblor (1988), Elena Poniatowska renueva la f√≥rmula ante otro hecho traum√°tico, el terremoto del '85; la estructura del texto se dimensiona y enriquece con art√≠culos, notas y reportes. Sin abandonar nunca el trabajo period√≠stico, la autora se va decantando por las biograf√≠as noveladas: Tin√≠sima (1992) es uno de los picos, quiz√°s el m√°s alto, de esa sierra de notables t√≠tulos, una serie de interesantes textos ficcionales sobre personajes hist√≥ricos como Las siete cabritas (2000),Leonora (2011) o Dos veces √ļnica (2015). Otras novelas, La 'flor de lis' (1988), Paseo de la Reforma (1996) yLa piel del cielo (2001) tienen visos autobiogr√°ficos. En su obra destaca una peque√Īa novela epistolar,Querido Diego te ama Quiela (1978), que ha dejado huella en el imaginario cultural mexicano.

Poniatowska siente fascinaci√≥n por la imagen, escribe textos para acompa√Īar selecciones fotogr√°ficas (Soldaderas, 1999) y dedica un libro biogr√°fico a la grabadora y fot√≥grafa Mariana Yampolski (2001). Tambi√©n public√≥ varios vol√ļmenes de relatos: De noche vienes (1979), Domingo 7 (1982), Tlapaler√≠a(2003); un libro de poes√≠a, Rondas de la ni√Īa mala (2008), que ilustr√≥ Leonora Carrington; y un buen n√ļmero de otros t√≠tulos, entre ellos algunos de tem√°tica social y pol√≠tica (Fuerte es el silencio, 1980; Las Mil y una... la herida de Paulina, 2000; El tren pasa primero, 2006; Amanecer en el Z√≥calo, 2007). En definitiva, un conjunto de libros de gran valor e importancia. La suya es una obra en constante evoluci√≥n, tanto en estructuras como en contenidos, reconocida de manera un√°nime, que forma parte de la historia period√≠stica y literaria de M√©xico.

Escribir y recrear la historia

Eres curiosa Elena, una gente curiosa y tenaz. Verdaderamente tenaz. Luis Bu√Īuel

Podemos decir que el periodismo escribe la historia de cada d√≠a y la literatura contribuye a grabarla. Elena Poniatowska ejerce de forma combinada esa labor de relatar y perpetuar la memoria colectiva. La escritora mexicana convierte el periodismo en relato novelado cargado de coraz√≥n y poes√≠a, de literatura. Es una autora que se identifica con sus personajes, seres reales en su mayor√≠a, a los que otorga una consistencia impregnada de humanidad con toques de fantas√≠a. Elena nos relata sus vidas con la proximidad que da ser c√≥mplice de ellas, part√≠cipe. En sus novelas biogr√°ficas qued√≥ reflejada una vanguardia de entra√Īables mujeres disidentes que luchan por mantener su identidad en un medio hostil, "un pa√≠s de hombres". Los personajes masculinos tambi√©n tienen cabida en su obra: atraen su atenci√≥n artistas y escritores como Pablo O'Higgins, Miguel Covarrubias, Octavio Paz o Juan Soriano, y luchadores sociales como Rub√©n Jaramillo, Demetrio Vallejo o el G√ľero Medrano; todos ellos se someten a su mirada escrutadora e imaginativa.

Elena Poniatowska da voz a aquellos sobre los que nadie escribe, a los postergados. Una mujer humilde y luchadora, Josefina Boj√≥rquez, abri√≥ la puerta al resto de personajes femeninos que fueron desfilando en sus libros, protagonistas de historias que sorprenden y conmueven. Una constelaci√≥n de mujeres luminosas alumbra sus p√°ginas: la ejemplar Gaby Brimmer; las admiradas Tina Modotti y Lupe Mar√≠n; Pita Amor, la t√≠a poeta, mujer de influjo propio; Leonora Carrington, su amiga, y un largo etc√©tera. Todas ellas se plantan en la vida con un discurso personal, ajeno al estatus que la sociedad pretende otorgarles; luchan para rechazar reglas impuestas, realizar sue√Īos y buscar un espacio diferente donde desarrollar en plenitud sus esp√≠ritus femeninos. Para conseguirlo, necesitan romper el yugo de una educaci√≥n manipulada y sexista, la imagen de objeto utilitario controlable.

Esa energ√≠a femenina que lucha por su lugar y se rebela de m√ļltiples maneras, atrae a Elena Poniatowska. Ella tambi√©n tuvo que batallar por conseguir ser quien es. Su profesi√≥n sufri√≥ rechazo intrafamiliar, incluso de mujeres que para ella eran ejemplo, y fue menospreciada socialmente. Poniatowska narra la pasi√≥n de esas mujeres sin excluirse del relato, enlaza las declaraciones obtenidas con el hilo que aporta su propia visi√≥n. Comparte la mirada de las protagonistas de sus textos y logra meterse en sus cuerpos para sentir la intensidad de cada momento de sus vidas. La escritora ocupa los vac√≠os que dejan las memorias, los diarios y las cartas y construye el devenir dram√°tico. Sus novelas sobre estos personajes reales son para Elena Poniatowska una base de datos que puede servir a posteriores bi√≥grafos: "Tanto Dos veces √ļnica, como Leonora o Tin√≠sima, pueden ser el punto de arranque para que un verdadero bi√≥grafo rescate la vida y obra de personajes fundamentales en la historia y en la literatura de M√©xico."

Elena Poniatowska, inmersa en la b√ļsqueda de las huellas que sus protagonistas dejan, encuentra el rastro en todo tipo de fuentes que luego recoge en sus textos. El resultado es una galer√≠a de retratos originales donde capta, adem√°s de los rasgos personales, aspectos sociales, pol√≠ticos y art√≠sticos de la √©poca; en definitiva, el relato de la historia sociocultural de nuestro pa√≠s.

En la obra de Elena Poniatowska hay una fusión de géneros, sus textos mezclan el reportaje y la crónica con la ficción literaria, la biografía con la novela y el relato con el periodismo. Maestra del hipertexto, sus libros incluyen artículos, notas, cartas y noticias. La escritora renovó el lenguaje de la entrevista y la crónica, dio protagonismo al reportero, le dotó de voz propia. En la transición de lo oral a lo escrito, cuando aparecen elementos incorporados por el propio periodista al redactar el texto, el autor adquiere, como dijo Mijaíl Bajtín, "categoría de personaje".

Los libros de Elena Poniatowska, ya sean periodísticos, biográficos o narrativos, muestran un estilo personal, un sello característico e inconfundible. Su mirada se traduce en una propuesta literaria determinada por un tejido entrecruzado de voces, un enfoque polifónico que borra la frontera entre ficción y testimonio. Sus textos narran con precisión periodística, sin arrogancia, relatan sin enjuiciar y reflejan una imagen en movimiento que no genera ni defiende intereses.

Octavio Paz lleg√≥ a decir que era la mejor periodista de M√©xico y Jos√© Saramago, durante la presentaci√≥n de la novela La piel del cielo en Madrid, afirm√≥ que Elena Poniatowska era una escritora rebelde y coherente. Cuando, en 2014, se le concedi√≥ el Premio Cervantes, Hugo Guti√©rrez Vega declaraba: "Naturalidad, transparencia, amor por los otros, sentido de la solidaridad y pericia formal distinguen ese trabajo que result√≥ galardonado." Estos testimonios exponen con claridad el valor y las virtudes de la obra de una escritora singular ‚ÄĘ

Por Xabier F. Coronado/ La Jornada (2016)