El revolucionador encendedor llegó al país en 1968.

El magiclick, ese aparatito que acompaña a la cocina de los argentinos, cumple 50 años. Fue un éxito arrollador que cambió la manera de encender las hornallas. Reemplazó a los peligrosos fósforos encerados, que muchas veces terminaban quemando los dedos, y fue una revolución del diseño.

El encendedor fue comercializado por primera vez en Argentina por la empresa Aurora, que vendió 80 mil unidades en los primeros tres meses de lanzamiento. La campaña publicitaria fue otro suceso: instaló un eslogan que perduró en el tiempo. Sin pila, sin cable y sin piedra se sumó a otro hit: 104 años. ¿Cómo surgió ese cálculo? ¿Cuántas chispas era capaz de generar? La respuesta la acerca el diseñador industrial Hugo Kogan, convocado en 1967 por el dueño de Aurora para integrarse a la compañía como director de proyecto. "El fabricante, de origen japonés, garantizaba que el mecanismo produciría más de 950 mil chispas. De allí surgió el cálculo, que la agencia de publicidad resumió en 104 años, calculados en base a 25 chispas diarias".

A fines de 1968 el lanzamiento marcó un antes y un después. El mecanismo de la pieza resumió una necesidad del momento que encontró una respuesta a partir del diseño industrial. La clave, según Kogan, radicó en que el encendedor "tuvo la fortuna de surgir justo en el momento indicado. El magiclick produjo un enorme impacto en los hogares. Fue innovador porque mejoró la relación entre los usuarios y los artefactos. Los fósforos de papel encerado Ranchera eran la única opción para encender las hornallas. Se autoencendían, quemaban las uñas. Y los fósforos de madera eran carísimos. El magiclick fue una oportunidad de dar un mejor servicio a bajo costo", señala.

La garantía de los 104 años surgió del cálculo del fabricante, que decía que podía producir 950 mil chispas.

Y explica cómo llegó la idea al país. "El dueño de Aurora, Ernesto 'Tochi' Vainer, era un empresario de avanzada. Trajo el sistema de Japón, donde producían las piezas cerámicas de alta rigidez. Le dieron una forma circular y lo calzaron dentro de un mecanismo que a través de un resorte producía la chispa, que saltaba hacia adelante por un dispositivo mecánico de salida ubicado en la punta".

Las publicidades reforzaron el carácter innovador del producto. En los 80, la actriz Gloria Carrá, una nena rubia de mirada pícara, protagonizó uno de los anuncios.

Como se trataba de una pieza mecánica con impronta y aspecto electrónicos, el magiclick logró revertir el nombre genérico. A partir de entonces, todos los encendedores se llamaron así. Por el costo también se transformó en un excelente regalo. Atentos a esta práctica, los creativos publicitarios diseñaron el packaging con lazo y moño, listo para regalar.

"Resulta que podías tener en tu casa un producto con diseño innovador", resume Kogan, que a los seis meses del lanzamiento pasó a desempeñarse en la firma Tonomac, donde diseñó la emblemática radio Lark. Luego desarrolló la icónica firma de diseño Visiva, junto a Ricardo Blanco y Reinaldo Leiro.