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En el Destacamento Nº 1 del Cuartel Central de Bomberos Voluntarios de nuestra ciudad, ubicado en el barrio 2 de Abril, se realizó una cena para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, entregando un reconocimiento a las mujeres de dicha institución. 

Hay tareas de riesgo en la que se desempeñan algunas mujeres, si a esto le sumamos que en el caso de las y los bomberos el trabajo es voluntario, cargado de compromiso y movidas por la vocación de ayuda, es totalmente merecido el agasajo a ellas en su día.

El Cordillerano dialogó con Gladys Torres -que pertenece al cuerpo activo como oficial primera y además integra el Departamento de Recursos Humanos de Bomberos-, aprovechando la ocasión, para conocer un poco acerca de las actividades que realizan y del sentir de una bombera.

El agasajo

De la cena participaron alrededor de 22 mujeres, "fue algo muy íntimo pero emotivo, nosotras tenemos un reconocimiento el Día Nacional del Bombero pero esta fecha tan especial no podemos pasarla por alto", comentó.

"Tenemos nuestro lugar dentro del cuartel pero esto es algo más específico" agregó, un mimo al alma de cada una de ellas. Recibieron como donación una hermosa torta, los diplomas que planificaron con la Reserva Activa y Recursos Humanos. "Por una cuestión de disponibilidad horaria, nos dividimos las actividades para la organización, por eso deposité la confianza en dos compañeras, Silvia Aguilera y Laura Arpajou, quienes llevaron adelante el evento", aclaró.

Se hicieron sorteos con algunos regalos que consiguieron, un set de maquillaje, tratamientos de belleza, incluso unos hermosos gorritos tejidos por una compañera, todo a pulmón pero con mucho cariño.

Costó ser bombera activa

Desde el inicio el curso es para bomberos, sin distinción de sexo, y actualmente el Cuartel Central cuenta con 34 mujeres en el cuerpo activo. Gladys fue parte de la primera camada de bomberas y contó que antes, no era así: "Esto fue una larga lucha que tuvimos hace veinte años, antes el cuerpo activo era solo ocupado por varones".

Recordó "antes nos tenían en la secretaría del gimnasio, nos habían comprado ropa muy femenina, un pantaloncito muy ajustado con una tricota y botas con taco".

Fue iniciativa de ese grupo inicial el intentar cambiar la situación "fuimos ampliando el grupo y con mucho esfuerzo y perseverancia nos ubicamos donde queríamos estar", dijo.

"Después de eso por una iniciativa de la asociación nos trajeron al cuartel de Yatasto y así dejamos de ser simple oficinistas, porque no era para eso que habíamos entrado a Bomberos".

Así se aprobó el ingreso de las mujeres, "para hacer ese cambio nos pusieron miles de condiciones, respeto ante todas las cosas, no podíamos estar solas hablando con un varón, por suerte todo eso quedó en el pasado".

Torres explicó que "en el cuartel funcionamos piramidalmente, nos bajaban línea y nosotras teníamos que obedecerlas para ir ganándonos un lugar e ir asentándonos en el cuartel".

"En las instrucciones hacíamos lo mismo que los hombres, incluso en el tema de la fuerza, yo quería demostrar que podía hacerlo hasta que entendí que hay cosas que no podemos hacer pero otras sí, incluso mejor que ellos, nos complementamos perfectamente", agregó.

Luego de esa decisión de incorporarlas al cuerpo activo y con mucha capacitación, ahora se desarrollan a la par de sus compañeros, "no pretendemos ser iguales a ellos y eso es lo interesante", reflexionó.

Mujer bombera

Las emociones en determinadas emergencias son fuertes para cualquier voluntario, Gladys además de pertenecer al cuerpo activo es madre de una joven bombera, lo que suma preocupación y una forma diferente de ver su vocación.

"Mi hija desde los dos años mamó lo que es ser bombero, hasta los 16 años no quería saber nada y a los 17 vino y me dijo que se había anotado en el curso, casi me muero", relató.

"Fue muy difícil tomar la decisión de apoyarla o no, pero en todo lo que emprenden hay que acompañar a los hijos y ese era el dilema". La jovencita lleva seis años dentro del cuerpo activo, "en cada salida yo estaba pendiente de mi nena, no de la bombera, la única tranquilidad que tenía y sigo teniendo es que está muy capacitada para salir".

Cada bombero desde que sale del cuartel ante una emergencia, sabe que está muy cuidado por un compañero y por el resto del grupo, "no podríamos funcionar de otra manera, acá somos un equipo, con errores y aciertos pero se trata siempre de buscar superar los obstáculos entre todos", señaló.

"Muchas veces uno no ve determinada situación pero tu compañero sí, entonces se aceptan y analizan todas las sugerencias, sea hombre o mujer". De esa formación piramidal van logrando ascensos y en eso no hay diferencia de géneros, ejemplo de ello se puede tener en Bomberos Voluntarios de Dina Huapi donde Marcia Zimmermann actualmente es la jefa del cuartel.

Sentir la vocación

Gladys ingresó a Bomberos hace casi 29 años, "siempre hice cosas como para ayudar a los demás, estaba atenta a las necesidades de mi barrio en El Frutillar, eso lo aprendí de mis padres, siempre acobijaban a alguien en casa y todo eso me fue quedando adentro".

Nunca se le había ocurrido ser bombera, "un día vino una amiga y me dijo si me quería sumar porque los hombres no nos dejaban ser bombero, no lo dudé ni un minuto porque era un desafío muy grande".

"A medida que fue pasando el tiempo fui terminando de entender qué era ser bombero en todos los sentidos y ahora puedo asegurar que si me sacaran del cuartel, me muero", afirmó.

Siempre tuvo la vocación de servicio y recién al ser bombera supo que era el lugar donde podría canalizar su energía. "Con el correr de los años, estudiando la historia de los bomberos, me enteré que mi abuelo materno fue el primer abanderado de la Asociación de Bomberos Voluntarios".

Alegrías y tristezas

Ser bombero no es simple, comparten alegrías y tristezas, afectándoles en mayor o menor medida, todo lo que ven a diario. "Jamás me arrepentí de ser bombero, hay que superar el momento complicado, hemos vivido situaciones muy tristes. El 4 de noviembre del 2004 a las 22.50 horas volcó un camión de bomberos metiéndose en una pinturería que estaba en Moreno y Elordi, yo estaba de guardia y fue muy duro".

Otras situaciones que tiene presente de gran tristeza fue el incendio en el que fallecieron dos pequeñas, "una de ellas tenía la misma edad que mi hija, entonces reaccionas o te abatatás, yo gracias a Dios siempre reaccioné, el problema es el después", dijo.

Ahora en el equipo cuentan con una psicóloga además de la fuerza auxiliar, "el trago amargo siempre llega al regresar de la emergencia, hoy por hoy usamos una técnica, después de una salida complicada tenemos una charla de la que participa solo la dotación que asistió". Allí se habla sobre todo lo ocurrido, lo bueno, lo malo y lo que se puede mejorar. "Te descargás con tus compañeros porque las emociones brotan, se crea un clima muy lindo de contención, hay llantos, alegrías, nerviosismos, peleas o enojos", aclaró.

Si aún así no se logra canalizar la angustia, hay otra clase de charla a nivel personal y finalmente, la consulta con la psicóloga.

Poco sabe de todo esto el ciudadano común, de la vida cotidiana de un bombero voluntario, que no recibe ninguna remuneración económica a cambio, solo son movidos por la vocación de servir a la sociedad.

"Nunca esperamos las gracias de la gente pero cuando llegan nos hace sentir muy bien", contó./diarioelcordillerano.com