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Quién sabe dónde estaremos en el año 2300, pero parece seguro que el cambio climático seguirá siendo uno de los temas preocupantes para los humanos del futuro, especialmente para quienes vivan en zonas costeras. Según un nuevo estudio el nivel de los mares se elevará entre 70 centímetros y 1,2 metros en los próximos dos siglos, incluso si logramos cumplir las metas del acuerdo de París y mantenemos a raya el uso de combustibles fósiles.

Pero, ¿por qué? Según el científico alemán Matthias Mengel, a cargo del informe del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de Potsdam, el tratado suscripto en la capital francesa "establece un objetivo para limitar la temperatura media global, pero no para limitar el aumento del nivel del mar. Y debido a que el aumento del nivel del mar es un proceso más lento que el calentamiento atmosférico, veremos un incremento incluso cuando las temperaturas se hayan estabilizado".

En diálogo con ámbito.com, el especialista anticipa que aun alcanzando los ambiciosos objetivos del acuerdo "las emisiones no se detendrán mañana. Y todas las emisiones adicionales causan calentamiento, lo que a su vez provocará un incremento adicional del nivel de los océanos. Nuestro estudio se basa en esas emisiones adicionales de las próximas décadas".

De acuerdo a los modelos climáticos es inexorable que los mares crezcan durante los próximos siglos, porque los gases industriales ya emitidos permanecerán en la atmósfera y tendrán consecuencias. Pero la magnitud de su impacto dependerá de la velocidad a la que podamos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el alza de las temperaturas a 2ºC respecto a la era preindustrial.

El ritmo de reducción de las emisiones contaminantes influirá en el nivel del mar.

"Pudimos demostrar que por cada período de cinco años que nos retrasemos, el nivel del mar aumentará 20 cms más para el año 2300", señala Mengel. Siguiendo ese análisis, si se alcanza el objetivo en 2020 la suba de aquí a casi dos siglos ya será de 70 cms, pero si se demora hasta 2035 el incremento para ese entonces será de 1,2 mts. En el caso de que todo se retrase más, el escenario a futuro será obviamente peor.

Dejando de lado el trastorno que provoca el aumento de la temperatura de las aguas en las condiciones de vida de los océanos, el acontecimiento será un golpe devastador para las ciudades costeras. "Las mareas también se incrementarán y se volverán más destructivas. En determinado nivel será difícil adaptarse... no siempre se puede construir un muro de defensa cada vez más alto. Entonces, algunas zonas bajas no serán fáciles de defender", explica.

Aunque el informe no detalla cuáles serían los continentes más afectados por este fenómeno, el especialista tiene claro que "Asia posee la mayor cantidad de personas en regiones bajas y muchas megaciudades en las costas". Pero el daño sería general, si recordamos que unas 100 millones de seres humanos viven actualmente en zonas ribereñas. Ciudades como Shanghái estarían en claro peligro, pero también muchas capitales europeas y naciones africanas, importantes franjas de EEUU, América Central y Sudamérica, y, por supuesto, también nuestro país.

La Antártida, una incógnita. El video refleja la pérdida de hielo que sufrió entre 2002 y 2016.

Una de las grandes incertidumbres que plantea el estudio es el comportamiento de la Antártida. La preservación de su capa de hielo es vital para que el nivel de los océanos se mantenga dentro de un control razonable, pero el continente blanco es aún una caja de sorpresas. "Empezamos tarde entendiendo cómo funciona la Antártida, es un campo científico muy joven. Hace solo 10 años pensábamos diferente, pero los satélites vinieron a decirnos que el hielo puede cambiar mucho más rápido de lo que creíamos", lamenta.

Si durante los próximos años y décadas comenzará a jugarse el futuro a largo plazo de muchas ciudades, será definitorio que los gobiernos se decidan a cumplir las promesas climáticas y limiten las emisiones contaminantes. La otra carta decisiva, avizora Mengel, es que apoyen las fuentes renovables y quiten respaldo a las energías más nocivas para el medio ambiente, un camino en el que avanzó el Parlamento Europeo con su reforma de los derechos de emisión, pero que aún no logró tomar verdadero impulso: "Si tuviéramos un precio global sobre las emisiones de carbono, las energías sucias como el carbón, que tienen muchos costos externos que no pagan, ya no serían competitivas. Hay que ponerle un precio a la causa, tan simple como eso".