Exponerse sin cuidado genera efectos irreversibles en la piel.

La postal se repite bien entrada la primavera cuando el sol pega con más fuerza en las calles: son varios los que, con reposeras, alguna lona o directamente sobre el pasto buscan desesperadamente algún hueco en las plazas, en algún espacio abierto, en alguna laguna o donde se pueda, como si hubiera comenzado una suerte de carrera contrarreloj. Para ellos, es tiempo de empezar a trabajar en un bronceado que posiblemente dure todo el año. Pero este comportamiento, sin cuidado ni control, conlleva distintos riesgos sobre los que los expertos no se cansan de advertir.

La compulsión a exponerse al sol para lograr un tostado supuestamente ideal tiene un nombre: tanorexia. El término se acuñó en 2005, luego de que un grupo de científicos de la Universidad de Texas, Estados Unidos, realizara un estudio con personas que, pese a ser conscientes de que exponerse excesivamente al sol o asistir a camas solares de manera reiterada era peligroso, sentían en su mayoría la necesidad de estar bronceadas. Los entrevistados, gran parte de ellos bañistas que concurrían con frecuencia a las playas de la localidad de Galveston, respondieron que no se sentían lo suficientemente tostados. Para el estudio, los científicos adaptaron un cuestionario que se hace para detectar casos de alcoholismo y, luego de procesar toda la información, pudieron determinar que la adicción al bronceado efectivamente es una patología.

"Durante años se relacionó el concepto de bronceado con el de salud y belleza. Sin embargo, el bronceado no es una manifestación de salud de la piel, sino una reacción de defensa natural y protectora ante la injuria solar. Debemos saber que la exposición solar excesiva genera efectos acumulativos progresivos e irreversibles. Los daños que se provocan por el sol son agudos y crónicos. Sabemos que quema, mancha, genera arrugas, puede desencadenar o exacerbar enfermedades dermatológicas como herpes, rosácea, melasma, lupus o fotosensibilidad, y produce cáncer", explicó la médica Cristina Pascutto, presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología.

Por esa búsqueda del bronceado que para muchos se convierte en obsesión, varias personas terminan cayendo en métodos poco ortodoxos. Algunos por desconocimiento, otros por desinterés, según los expertos no son pocos los que se aplican autobronceantes que no están debidamente controlados o los que, para potenciar las horas que se exponen al sol, cubren su piel con aceites u otro tipo de productos de cocina. En la actualidad, también llegan a aplicarse sistemas que incluyen inyecciones de color. La advertencia de la medicina es unánime en este punto: las consecuencias de este tipo de prácticas sin control pueden ser letales.

El año pasado, el actor y humorista Migue Granados reveló el caso de su madre, quien falleció víctima del melanoma: "Mi vieja se mató con el sol toda la vida. Ella tenía 50 años y se ponía en el cuerpo gaseosa, aceite. Hace un año le apareció un lunar y le mutó de bueno a malo. Fue algo muy duro".

El abuso del bronceado puede generar arrugas, lupus, herpes, rosácea, melasma o cáncer.

Aceites: El uso de estos u otros productos de cocina o inyecciones de color pueden ser letales.

avc 052018
capraro