La socióloga hace un repaso por la historia reciente del feminismo y asegura que las hijas y nietas de aquellas primeras militantes han realizado un camino extraordinariamente diverso

"Has recorrido un largo camino, muchacha...", decía un antiguo comercial de cigarrillos que allá por la década del 70 encontraba en el uso abusivo del tabaco algo parecido a la emancipación de la mujer. Y tal vez también lo era... El feminismo no es uno solo. Son muchos los feminismos que nos vienen atravesando a los mujeres argentinas desde principios del siglo XX. Y ya entrado el siglo XXI nos vemos convocadas a hacer una revisión de nuestros logros y de nuestras asignaturas pendientes. Y la violencia doméstica sigue siendo un flagelo para muchísimas mujeres. Y si no se detiene, mata.

De acuerdo con datos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, 235 mujeres fueron asesinadas, es decir 1 cada 35 horas, en el año 2015. El número aumentó en 2016: alcanzó a 254. El movimiento #Niunamenos, quien convocó una primera marcha el 3 de junio de 2015 y hoy es un fenómeno de exportación, difundió los resultados de la encuesta online "Argentina cuenta la violencia machista". El 99% de las mujeres reconoce haber sufrido violencia por alguna pareja y el 97% asegura haber padecido acoso en espacios públicos. Otro dato relevante es que el 20% de las víctimas había denunciado previamente a su femicida.

Dora Barrancos es socióloga, historiadora y Directora del Conicet, en representación de las Ciencias Sociales y Humanas. Desde hace 40 años estudia las cuestiones de género y podríamos decir que es la mujer que más ha pensado a las mujeres desde el feminismo.

En diálogo con Infobae, la investigadora analiza y compara viejos y nuevos feminismos, asegura que en el mercado laboral las mujeres siguen relegadas y que el patriarcado aún goza de buena salud.

—¿Cómo define al feminismo?
—El feminismo debería ser definido en plural porque, en rigor, desde su nacimiento en el siglo XIX supo tener varias vertientes. Es una concepción política que procura los derechos de las mujeres en igualdad con los varones, su emancipación y la liberación de todo tipo de tutelas. Eso podría ser en síntesis el feminismo.

—Ud. se inició en el feminismo en Brasil, ¿cómo fue eso?
—Yo era lo que podríamos decir de manera sintética: una justiciera básica. Desde mi adolescencia estuve muy vinculada a todos los movimientos de reivindicación. Me exilié en Brasil durante la dictadura militar y llevaba un bagaje de concepciones acerca de la justicia social, de la redistribución de la renta y de los derechos de las poblaciones aborígenes, entre otras cuestiones. La cuestión del feminismo era una intuición pero nunca había sido una conducta. Tenía sólo intuiciones y me encuentro con una circunstancia muy dramática. En Belo Horizonte una joven de la alta sociedad que había sido asesinada a tiros por su pareja en una playa de Buzios. El asesino la acusa de adulterio y la mata. Al tiempo juzgan al homicida y una joven periodista entrevista al abogado defensor del asesino y le pregunta cómo va a ser la estrategia de defensa. Él responde, con una enorme soltura y argumenta: legítima defensa del honor. Y eso me marcó profundamente. Nunca había prestado atención a esos escandalosos deslices del propio código penal. Violencia contra las mujeres es un concepto acuñado muy recientemente. Antes, el Estado era un autorizador del homicidio de la mujer adúltera. De modo que una podría decir que hubo complicidad de los propios estados en Latinoamérica respecto de lo que sería la reivindicación del honor matando a la cónyuge.

—¿Cuáles eran las características principales del feminismo en los 70?
—Es mi generación. Me puedo situar bien en esa atmósfera de radicalidad social, los que éramos jóvenes en aquel momento teníamos algún trazo de confirmación hacia la transformación social radical. Cualquiera fuera nuestra situación militáramos o no militáramos. Las feministas de aquellos días estaban un poco encapsuladas y había tensiones entre ellas. El debate era si acertaban más con una militancia en torno del movimiento social más amplio o una militancia acotada a la defensa de los derechos de las mujeres. Eso hizo que ese feminismo estuviera muy acotado y además la pertenencia también era complicada. No era tan fácil trasponer la capilla de ese feminismo. Había reglas de admisión. Esto de alguna manera.

—¿No cualquiera podía ser feminista?
—Había ciertas liturgias para la identificación en aquel momento y eran cotos de bastante auto preservación. Pero también había gente de extraordinaria buena voluntad y muchas feministas efectivamente discutían cómo acertarle mejor a las circunstancias del momento. De hecho algunas abdicaron de ese grupo feminista y se convirtieron en militancias sociales de las fuerzas que ya estaban claramente actuando en nuestra sociedad. A todas nos atravesaba la idea de la emancipación, de la autonomía. Todavía no estaban las teorías sobre las características del patriarcado.

—¿Cómo cambiaron las luchas con la llegada de la democracia?
—Fue notable lo que ocurrió con la recuperación de la democracia en nuestro país. Muchas mujeres que se habían quedado acá resistiendo como podían retomaron con enorme fuerza. La retoma de la democracia fue un momento crucial porque se comienzan a revisar todos los fondos no democráticos de esta sociedad y la tremenda divergencia entre las oportunidades de los varones y las no oportunidades que tenían las mujeres. De modo que los feminismos renacidos fueron muchos y debo decir que se puso en el primer lugar la cuestión de la violencia doméstica.

—¿Qué pasó con las hijas y las nietas de las feministas de los 70?
—Han hecho un camino extraordinariamente diverso. Hoy en todas las escuelas secundarias, los centro de estudiantes tienen un programa sobre género y violencia contra las mujeres. El orden sindical también cambió bastante. De la antigua secretaria de la mujer y la familia existe una acción mucho más profunda, más integral y estamos muy atentos a las conquistas de derechos que logran las mujeres en sus organizaciones.

—¿Y el sistema patriarcal cómo cambió? ¿Cambió?
—Cambió un poquito. El Patriarcado ha tenido cimbronazos. Se advierte toda vez que se registra el movimiento en la calle de #Niunamenos, con la adhesión mayor que están teniendo los varones. Por eso siempre nos gusta aclarar no es un problema de lucha contra los varones, la situación es finiquitar con el patriarcado. El patriarcado ha sido también relación muy grave con los propios varones, que han sido reordenados de un modo especial, han tenido forzosas conductas de no exhibir sus sentimientos, tienen pocos derechos civiles al cuidado, a la crianza, a estar con sus hijos. Y todavía el patriarcado goza de muy buena salud.

—¿Cómo vio esas marchas de #Ni una menos?
—Maravillosamente sorprendente. #Niunamenos interpela a las propias mujeres para estar en estado de movilización de sí mismas. Además, se dio en una circunstancia que habíamos pensado teóricamente poco y eso es un trazo muy argentino, muy de exportación felizmente. Ha hecho mucho eco en otros países. De la misma manera que es muy nuestro el famoso encuentro de la mujeres. Pero vencer al patriarcado requiere una gran conmoción todavía y esperamos que nuestras nietas puedan ver algún día los restos del patriarcado.

—¿Cómo ve la situación de la mujer en el mercado laboral?
—Hay un régimen evidente de exclusión de las mujeres. Hay ominosas maniobras para que no ocupen determinados cargos. Tenemos el fenómeno largamente analizado del "techo de cristal", muy pocas mujeres llegan a CEO en la Argentina. La Universidad de Buenos Aires, por ejemplo, nunca ha tenido una rectora mujer y hay una feminización extraordinaria de la matrícula y de los claustros pero con divergencia respecto de la retribución salarial. El triunfo del patriarcado no es que los varones son regentes de la mayoría de los cauces significativos de la sociedad, sino que han conseguido naturalizar la jerarquía y la exclusión en los cuerpos femeninos.

—¿Se imaginaba en los 70 llegar hoy a tanta libertad en materia sexual, tanta diversidad o que una mujer elija no ser madre?
—La verdad es que no. Podía estar en las ensoñaciones, pero no en el cuadro del imaginario de plausibilidad, que es un escenario que uno imagina y podría ser realizado. Tal vez en ensoñaciones.../infobae.com