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Por Omar N. Livigni- Tal como se venía comentando, el gobierno del presidente Mauricio Macri dará a conocer en los próximos días, un Plan de Desarrollo que comprenderá a la región patagónica, desde el río Colorado al extremo austral, para potenciar áreas como tecnología, medio ambiente, turismo, producción y energía .

Si bien todavía no se conocen los detalles y sus alcances, el mero anuncio ha despertado lógicas expectativas no sólo porque el desarrollo de la Patagonia es un antiguo proyecto que ha tenido principios de ejecución en algunos momentos , que por una u otra razón quedaron truncos, sino por tratarse de un flanco sensible de la soberanía nacional cuya defensa integral es todavía una materia pendiente.

No hay que perder de vista que la Patagonia todavía es una gigantesca factoría productiva de materias primas que ocupa escasa mano de obra y que sufre la exacción de sus riquezas sin recibir una adecuada compensación.

Constituye un tercio de la geografía del país, y recibe un exiguo porcentaje de la coparticipación federal. Tiene un extenso territorio y muy poca población, toda una franja de la meseta central prácticamente deshabitada y un litoral atlántico donde la riqueza pesquera tiene niveles de explotación casi mínimos y un muy escaso asentamiento de plantas industriales para procesar los productos extraídos del mar.

Es que a la Patagonia le ha tocado este rol de generosa fogonera e incansable productora que , además, aporta lanas, carnes, frutas, minerales, madera, productos pequeros, y turismo que a la hora de los beneficios no tiene resarcimientos suficientes.

Y eso es porque siempre han faltado, salvo honrosas excepciones, las partidas presupuestarias para hacer las obras de infraestructura que faltan para concretar un proceso profundo de desarrollo , radicar industrias, y asentar población, es decir que promueva la presencia de miles de argentinos fortaleciendo sus fronteras, la mejor expresión en los hechos de afirmar la soberanía nacional y se pueda ir corrigiendo la deformación demográfica que representa el 40 por ciento de la población del país en la provincia de Buenos Aires..

Este ligero trazo, que por supuesto no agota la problemática de la Patagonia, que doloroso es decirlo, incluye épocas de mal trato y olvido de la Nación para esta porción del territorio nacional . El diagnóstico constituye un desafío incumplido que gravita aún como un remordimiento individual y colectivo , una pesada hipoteca, en la responsabilidad de la dirigencia y la sociedad argentina.

También es necesario aclarar aquí que en estos momentos de crisis no se pueden aislar los problemas de la región patagónica de la realidad general del país, por más angustiantes que sean.

Por esa razón y otras de similar contundencia, quienes vivimos aquí sentimos la enorme responsabilidad de evitar que se siga transmitiendo a las generaciones futuras problemas irresueltos de la magnitud de lo que estamos considerando.

Y teniendo en cuenta siempre, la inquietante y amenazante presencia británica en las Islas Malvinas, convertida en una base militar de primer orden, y su proyección no sólo sobre el Mar Argentino en la zona austral, sino también sobre los intereses nacionales sobre el continente antártico.

Resulta obvio señalar entonces el positivo anuncio, que significa que el gobierno nacional pose su mirada sobre la Patagonia , y que se pueda saber con presición sobre el inminente lanzamiento de un Plan de Desarrollo nacional de vasto alcance con acento en la Ciencia, la Tecnología, el Ambiente, el Turismo, la Energía y la Producción.

Esperamos anhelantes, que este promisorio Plan de Desarrollo, vaya mucho más allá de la actual coyuntura electoral, y sirva para contribuir con otros esfuerzos a un desarrollo equilibrado entre las distintas regiones del país y como consecuencia hacia un renovado y auténtico federalismo., con la colaboración entre la nación y las provincia, sin ningún tipo de imposiciones, y en el marco de una democrática igualdad. (APP)